Biografía

“Había una fuerza superior, que me decía que no podía salir solo de esto. Eso para mí era muy importante, porque me daba ánimo a mí mismo. Siempre me repetía que tendría que luchar, que salir adelante y que podía lograrlo”, afirma este profesional que sufrió cuadriplejia y que prepara la próxima publicación de su obra “La otra cara de la discapacidad”. Dicho el: 6 septiembre 2006

Biografía

Cuenta con 28 años de experiencia en el ejercicio de su profesión en El Salvador y en los Estados Unidos de América.

Oriundo del Puerto de La Libertad, El Salvador Centro América; nació el 13 de diciembre de 1965. Su infancia y adolescencia la vivió en ese lugar; allí realizó sus estudios de primaria, secundaria y tercer ciclo; posteriormente estudio el primer año de bachillerato en el Instituto Miguel de Cervantes (En San Salvador), y El Segundo y tercer año de bachiller, los curso en el Colegio Santa Cecilia (Santa Tecla).

El 22 de diciembre de 1984 le ocurrió el accidente que cambiaría el rumbo de su vida, fue atropellado por un vehículo en la ciudad de Zacatecoluca departamento de Paz, El Salvador; accidente por el cual hasta en la actualidad todas sus actividades de vida, laborales y profesionales las realiza desplazándose en una silla de ruedas, silla de ruedas que en ningún momento ha sido motivo de impedimento, sino más bien, desde ella, es motivo para muchos, de gran admiración y respeto.

Ya estando en silla de ruedas y con grandes limitantes físicas, tanto de sus piernas como de sus manos, aun así, en esa condición, se inscribió en 1988 en la Universidad Doctor José Matías Delgado, para estudiar para abogado de la Republica de El Salvador, de donde se graduó en 1994.

Ha ostentado varios cargos, entre ellos auxiliar en la secretaría de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, Colaborador en Juzgados de lo Laboral, Cámara de Segunda Instancia, Juez de Paz Suplente, y 27 años en el libre ejercicio de la profesión de abogado. 

Actualmente sirviendo y atendiendo a nuestra comunidad salvadoreña en varios estados de Los a Estados Unidos de América, entre ellos: Arkansas, Kansas, Missouri, Nebraska, Iowa, Minnesota, Tennessee, Texas, Indiana, Colorado, Ohio.

Biografía 2. Tomada el 6 septiembre 2006

 Raúl Rodríguez Chinchilla es un joven abogado y notario con mucho optimismo y ganas de vivir. De conversación amena, esbelto y de pulcro vestir, habla con mucho entusiasmo sobre sus metas. Sobre su escritorio hay una foto donde aparece con su linda esposa y dos encantadoras hijas.

Pero este de hombre de 39, tiene 20 años de estar en una silla de rueda desde un fatal accidente. Eso no le impide soñar. Está convencido que un día volverá a caminar y ha escrito un libro para motivar a otras personas con discapacidad.
En su despacho, ubicado a pocos metros del mar, en el puerto de La Libertad, nos cuenta su historia, sus sueños cumplidos y los que faltan por cumplir.

Pregunta: ¿Por qué quiere dar a conocer este caso en particular?
Respuesta: Han sido ya 20 años de estar en una silla de ruedas. Fui víctima de un accidente de tránsito; me atropelló un vehículo en 1984, el 22 de diciembre. Tenía 19 años de edad. Para mí eso fue como un resurgimiento. Allí surgió una forma de vida diferente a la que había tenido.

P: ¿Cómo fue el accidente?
R: En Zacatecoluca. Andaba celebrando de forma equivocada haber salido de bachiller; había bebido. Caminando hacia la casa de un amigo, me atropelló un vehículo a las 11:00 de la noche. Según yo, había tenido un sueño, porque quedé inconsciente después del impacto. Pero cuando volví a mi conciencia estaba en un hospital inmóvil y comencé a pedir agua.

P: ¿En que colegio estudiaba?
R: En el Santa Cecilia. Era un joven bastante activo, jugaba basketball, nadaba. Siempre aspiré a jugar en la primera categoría de los estudiantiles, no logré ese sueño, pero sí estuve en la juvenil A.

P: ¿Qué pasó al despertar?
R: Una enfermera me dijo que no me tratara de moverme porque había sido víctima de un accidente y si me movía me iba a dañar más. Mis padres no estaban porque soy de La Libertad, y allí era todo incertidumbre. El día del accidente, andada con un amigo, también iba ebrio; al ver lo que había ocurrido me dejó solo, y la Cruz Roja me recogió, trataron de contactar a mi familia y por medio de una agenda pudieron lograrlo.

P: ¿Qué pensaron sus padres cuando se dieron cuenta?
R: Fue impactante para todos, incluso para la comunidad. Sabían los vecinos que era una persona jovial, lleno de energía y la gente lo sintió; pude ver que el cuarto del hospital estaba lleno, hasta de personas que yo no conocía.

P: ¿Cuándo le dieron la noticia de cómo iba a quedar para toda la vida?
R: Nunca me dijeron que iba a quedar en una silla de ruedas. El impacto fue al nivel de las cervicales. Lo que genera la lesión a ese nivel de la columna es una inmovilidad casi total. Del cuello hacia abajo, sólo postrado. Y para variar, el tratamiento acá en ese entonces, para que no hubiera mayores daños, era inmovilizar con un cuello ortopédico y un soporte.

P: ¿Cuadrapléjico?
R: Sí, Así quedé yo. Entré en una etapa de crisis que me llevó casi a ser un cadáver.

P: ¿Se deprimió?
R: No. Nunca entré a esa etapa. Si la hubiera tenido hubiera muerto. Siempre le decía a mi familia que no lloraran. Desde un primer momento tuve la voluntad para que esa situación que estaba viviendo no interrumpiera mis sueños.

P: ¿Entonces no hubo momento de abandonar los ánimos, el suicidio o esas cosas?
R: Al contrario, mis amigos llegaban a la cama y se ponían en un aspecto de sentir lástima por lo sucedido y les decía que iba a caminar de nuevo, que tenía esa certeza. Aún no puedo caminar, pero estoy convencido que con la ayuda de Dios podré hacerlo.

P: ¿Cómo se alimentaba?
R: Me alimentaba al inicio, pero me llegó una infección a las vías urinarias que me desnutrió; casi me estaban haciendo una transfusión a diario porque orinaba sangre.

P: ¿Qué le motivaba a seguir adelante?
R: Había una fuerza superior, que me decía que no podía salir solo de esto. Eso para mí era muy importante, porque me daba ánimo a mí mismo. Siempre me repetía que tendría que luchar, que salir adelante y que podía lograrlo.

P:¿En algún momento decidió abandonar la idea de estudiar derecho?
R: No, porque entré en 1988, luego de tres años de estar en terapia. Quienes me ayudaron sabían que tenía deseos de vivir, mi voluntad estaba arriba. Yo ya no quería estar en el país porque llegaba el punto en que ya no me daban nada y sólo esperaban el momento. En una oportunidad, un enfermero se asombró porque no me había muerto la noche anterior, porque casi todas las noches se moría un enfermo.

P: ¿Siempre quiso ser abogado?
R: Siempre, desde niño. Cuando personas mayores me preguntaban les decía que quería ser abogado. El accidente se presentaba como un obstáculo terrible, pero nunca, nunca pasó por la mente dejar de materializar mi sueño de convertirme en abogado.

P: ¿Cuando se graduó de bachiller ya había decidido ir a la universidad?
R: Sí, incluso ya tenía aplicación para ir a la UCA y ya estaba para comenzar el cursillo.

P: ¿No ingresó ese año?
R: No, entré en 1985 porque el accidente fue el 22 de diciembre de 1984 y la etapa de crisis llegó hasta mayo de 1985, que fue cuando me enviaron a Houston, Texas, por el trabajo que había hecho anteriormente en los clubes de servicio, con los padres de la iglesia Inmaculada Concepción.

P: ¿Cómo iba a la Universidad?
R: Tenía una silla de ruedas eléctrica. Lo que hice fue irme a vivir prácticamente a la par de la universidad; no fue fácil.

P: ¿Su familia tiene recursos?
R: No, soy de una familia pobre, mi mamá era mujer luchadora y ella sembró esa semilla. A ella le debo mi fuerza de voluntad.

P: ¿Cuándo entró a la universidad ya podía mover las manos?
R: Antes de la rehabilitación ya escribía con la mano derecha, y luego tuve que aprender a escribir con la izquierda. Grababa las clases y luego las escribía en casa.

P: ¿En algún momento sentía que le puso obstáculos para entrar?
R: No, la Matías Delgado es quizá la única que tiene rampas, que son tan importantes para las personas discapacitadas.

P: Entre sus compañeros, ¿hubo algún tipo de discriminación?
R: No ocurrió eso conmigo, porque hubo apoyo y quizá tiene que ver la personalidad; a pesar de mis limitaciones no me creo menos que nadie y eso ha servido.

P: ¿Fue buen alumno?
R: Gracias a Dios con bastante esfuerzo, no he sido inteligente pero sí muy esforzado. Creo que con mucho esfuerzo individual y con ayuda de Dios, cualquier meta, por difícil que sean nuestras circunstancias, se pueden lograr. 

P: ¿Cuál fue su promedio final?
R: Tuve un CUM de 8.

P: ¿Qué hacía mientras sus compañeros iban a fiestas o al estadio?
R: Yo iba con ellos… Ja ja ja.

P: ¿Pero no volvió a tomar?
R: No. Nunca más he tenido recurrencia con el alcohol. La verdad es que nunca fui un alcohólico. Bastó que tomara aquella noche para que ocurriera el accidente.

P: ¿Usó la misma silla de ruedas mientras estuvo en la universidad?
 R: Esa silla sufrió tanto como yo. Soportaba, como yo, grandes chaparrones de agua en invierno.

P: ¿Nunca se cayó?
R: Irónicamente, me caí el último día de la universidad, después de un examen. Se me desconectó la silla y se quedó sin frenos; iba bajando una rampa y fui a parar a un alambre
de púas.

P: ¿Tenía novias?
R: En la universidad no, porque tenía la visión de concentrarme. Yo sentía que tenía que hacer un esfuerzo mucho más grande.

P: ¿Y fue muy difícil conquistar a su ahora esposa?
R: Como siempre afortunadamente ha habido un carisma con todos los amigos, con ella sucedía igual. Hemos tenido buena relación.

P: ¿Se graduó y comenzó su vida profesional en el puerto?
R: Sí, desde el primer momento. Abrí simultáneamente una oficina en Santa Tecla, donde residía. Pero después me di cuenta que tenía más aceptación en La Libertad y vine a instalarme acá.

P: ¿Se considera buen abogado?
R: Sí, buen abogado y notario.

P: ¿Ha ejercido como litigante?
R: Sí.

P: ¿Ha ganado todos los casos?
R: No, algunos los he perdido, no siempre se gana en todo.

P: ¿Cómo se llama su esposa?
R: María Magdalena.

P: ¿Tiene niños?
R: Dos niñas.

P: ¿Preguntan por el accidente?
R: Es especial la relación con ellas, son muy amorosas, porque ellas se dan cuenta; la menor tiene siete años y la mayor tiene nueve, saben lo del accidente pero no me lo preguntan. Somos una familia muy unida y muy feliz.

P: ¿Y tiene fe que va a volver a caminar?
R: Sí, estoy con la misma voluntad de hace 20 años.

P: ¿Asiste a alguna iglesia?
R: Sí, a la iglesia del Camino de Las Asambleas de Dios.

P: Estaba escribiendo un libro.
R: Sí, ya lo terminé, es un libro de superación.

P: ¿Cuándo saldrá ese libro?
R: Estoy planificándolo tal vez en octubre o diciembre próximos a más tardar.

P: ¿Cómo se llama el libro?
R: “La otra cara de la discapacidad”.

P: Ahora ya no se usa el término de “discapacitados”, sino “personas con discapacidad”. ¿Qué opinión tiene de ese juego de palabras?
R: Ha venido transformándose el lenguaje a través de la historia. Antes se usaba el terrible término de “inválido”. A veces la sociedad es cruel porque estamos acostumbrados a ver con lástima a una persona con discapacidad.

P:¿No ha sentido lástima de otra gente?
R: No, al contrario. No me gusta que sientan lástima por mí, ni admito tenerla por nadie. Lo que trato es de motivar a las personas con discapacidad. Creo que si nosotros, independientemente de lo que nos ocurra, nos esforzamos y hacemos uso de nuestra fuerza de voluntad, podemos lograr cualquier meta que nos propongamos.

P:¿Cómo es un día en su vida?
R: Me levanto a las seis de la mañana, me baño, desayuno. Leo la Biblia todos los días.

P:¿Siente que la sociedad salvadoreña se ha ido sensibilizando con las personas con discapacidad?
R: Sí, aunque nos falta mucho, aún no hay tanto respeto por las personas con discapacidad en los parqueos o los baños en los centros comerciales.

P:¿Podría dar un mensaje a los jóvenes a partir de esa experiencia que tuvo, y de su fantástica recuperación?
R: Que se valoren, porque la juventud es la fuerza, es el trampolín del mañana. Que nunca dejen de soñar. Que con la ayuda de Dios y con fe, optimismo y esfuerzo todo se puede lograr.